Las viviendas de emergencia que entrega el Estado chileno tienen como objetivo principal dar una solución habitacional inmediata y temporal a personas y familias que han perdido sus hogares producto de eventos catastróficos, como incendios, aluviones o terremotos. Estas construcciones no constituyen una solución definitiva, sino una respuesta de corto plazo destinada a restablecer condiciones básicas de habitabilidad mientras se avanza hacia una vivienda permanente.
Durante décadas, estas soluciones fueron conocidas popularmente como “mediaguas”, caracterizadas por ser estructuras livianas, de rápido montaje y fácil transporte, adaptables a distintos tipos de suelo. Sin embargo, la experiencia acumulada en emergencias de gran magnitud evidenció sus limitaciones.
Uno de los hitos clave fue el incendio de Valparaíso en 2014, que dejó a miles de familias sin vivienda. Tras esta tragedia, se constató que el modelo existente hasta ese momento resultaba insuficiente frente a las necesidades reales de las personas damnificadas. A partir de ello, se impulsaron mejoras sustantivas a la vivienda de emergencia.
Entre los primeros avances se incorporó un “Kit de Mejoramiento”, que incluía materiales para el revestimiento interior, con el fin de mejorar la aislación térmica, además de pintura exterior para aumentar la durabilidad de la estructura. Paralelamente, se implementó un “Kit Sanitario”, destinado a entregar soluciones sanitarias adaptadas a distintos contextos y realidades territoriales.
No obstante, para avanzar de manera más profunda, fue necesario redefinir el concepto mismo de vivienda de emergencia, considerando las condiciones actuales del país. Esto dio paso a un proceso de modernización que derivó en la creación de estándares técnicos mínimos, los que hoy contemplan, entre otros aspectos, instalación eléctrica básica y, en algunos casos, una solución de baño.
Estos nuevos estándares representan un avance significativo respecto de las soluciones tradicionales, ya que priorizan la calidad y la dignidad por sobre el costo. Las viviendas cuentan con espacios vitales cubiertos de al menos 4,5 metros cuadrados por persona, ofreciendo confort térmico, adecuada ventilación y protección frente al clima, además de garantizar privacidad, seguridad y condiciones de salud.
Pese a estas mejoras, las autoridades recalcan que estas viviendas siguen siendo temporales y que su valor principal radica en que lleguen a tiempo a quienes las necesitan. En contextos de emergencia, la rapidez en la entrega es clave para evitar que las familias afectadas enfrenten largos periodos de precariedad mientras se diseñan e implementan las soluciones habitacionales definitivas.